El Obelisco cumple 86 años: del juicio que hizo la Iglesia, a datos y perlitas que seguro no conocías

Si visitás la Ciudad de Buenos Aires es casi imposible que no termines con una foto en el Obelisco. La construcción está en el cruce de las avenidas 9 de Julio y Corrientes y se convirtió en el mayor emblema de Buenos Aires al punto tal de que figura en casi todas las postales turísticas. Ese mismo monumento cumple hoy 86 años y por eso en BigBang te queremos contar algunos datos pocos conocidos.

Una de las cuestiones troncales fue la pelea que hubo con la Iglesia cuando se decidió avanzar con su construcción. Es que hasta ese entonces, la parroquia San Nicolás de Bari era considerada como eje de la Ciudad y en ese mismo lugar se quería construir el monumento, por lo que hubo una discusión en la Justicia.

La municipalidad ganó el juicio entablado contra la Curia, y la última misa se celebró el 16 de agosto de 1931. San Nicolás era, en sí, un monumento histórico, no sólo por ser, por ejemplo, el templo donde bautizaron a Mariano Moreno o a Manuel Dorrego, o donde descansaban los restos del cura Manuel Alberti, el primer miembro de la Junta de 1810 en morir en enero de 1811, sino además que en su torre flameó por primera vez un 23 de agosto de 1812 la bandera argentina.

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El Obelisco fue construido durante la gestión presidencial del militar e ingeniero Agustín Pedro Justo, quien condujo los destinos de la Argentina entre el 20 de febrero de 1932 y el mismo día del año 1938. En ejercicio de esa potestad, el entonces presidente Justo designó como intendente de la ciudad capital al abogado, escritor y político Mariano de Vedia y Mitre, quien ocupó el cargo entre 1932 y 1938.

Fue precisamente Mariano de Vedia y Mitre quien, en el marco de un plan de modernización de la ciudad -que además incluía el ensanchamiento de la Av. Corrientes, la apertura de la Av. 9 de Julio y la construcción de la Plaza de la República- y a propuesta de su secretario de Hacienda Atilio Dell' Oro, ordenó la construcción del Obelisco con el objetivo de celebrar el 400° aniversario de la fundación de la ciudad de Buenos Aires.

Se aproximaban los 400 años de la fundación de la ciudad de Buenos Aires por Pedro de Mendoza, y las autoridades porteñas buscaban la forma de realizar un homenaje adecuado para aquella aldea que sería destruida en 1541 y vuelta a fundar en 1580.

Inaugurado en 1936 para recordar el cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires, finalmente el Obelisco fue obra del arquitecto Alberto Prebisch, uno de los principales exponentes del modernismo argentino. La alemana GEOPE fue la empresa constructora. Los trabajos comenzaron el 20 de marzo de 1936 y se inauguró el sábado 23 de mayo de ese mismo año a las 15 horas.

Participaron 157 obreros, y hubo que lamentar la muerte de uno de ellos, el italiano José Cosentino. El total de la obra ascendió a 200.000 pesos. Su construcción demoró apenas dos meses y se cumplió la indicación del intendente, quien quería que estuviese terminado antes del 25 de mayo.

La palabra "obelisco" deriva del latín obeliscum, y según el diccionario de la Real Academia Española, significa "pilar muy alto, de cuatro caras iguales y terminado por una punta piramidal muy achatada, que sirve de adorno en lugares públicos”.

Así, hoy el principal símbolo representativo de la ciudad de Buenos Aires es precisamente su "obelisco", que está en el cruce de las avenidas Corrientes y 9 de Julio, en la llamada Plaza de la República, siendo su exacto domicilio Av. Corrientes al 1066.

Con una altura total de 67,5 metros y una base de 6,8 metros por lado, el Obelisco posee una única puerta trasera, detrás de la cual hay una escalera marinera de 206 escalones con 7 descansos que lleva a la cúspide. Allí existe un mirador con cuatro ventanas, visibles desde la calle.

Los detractores del Obelisco, que se había quedado con la sangre en el ojo porque decían que el proyecto no había sido discutido en el Concejo Deliberante, tuvieron su oportunidad de volver a la carga el 21 de junio de 1938 cuando se le desprendieron trozos de mampostería. Y en junio del año siguiente, los porteños, por 23 votos a favor y uno en contra, votaron la ordenanza 10.251 de su demolición, argumentando razones de seguridad, estéticas y económicas.

Tuvo que terciar el propio presidente Roberto Marcelino Ortiz, al expresar que el Obelisco era un monumento para recordar un acontecimiento importante como fue la primera fundación de Buenos Aires, que el intendente porteño era sólo un delegado del gobierno nacional, y que el Ministerio de Obras Públicas se encargaría de costear las reparaciones. Y llegó el veto del intendente Arturo Goyeneche. Se quitaron las losas y se las reemplazaron por mampostería. En el apuro, se eliminó la leyenda que indicaba que Presbisch había sido el arquitecto de la obra. Y asunto terminado.

Una vez construido, su manutención fue también una cuestión importante. Cada vez que se decide renovarlo, se utilizan 308 de litros de pintura. Además, se restauran las rejas que lo rodean a través de un tratamiento especial (decapado) para poner en valor el material original de las mismas (metal).

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Todo este proceso se hace al menos una vez cada dos años, aunque puede suceder que por motivos puntuales los trabajos se realicen con más frecuencia. Esto se debe al desgaste que tiene que ver, según explican los expertos, con las condiciones meteorológicas.

Fuente: BigBangNews